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| "Ahora no son más que piedra inerte que sostiene los muros del lugar que habito". |
Autoría: Rafael de la Rosa
Ilustración: Libertad Delgado
Me gustan las dedicatorias. Y tú no tienes dedicatorias, mal. Me arrancaste improperios bien temprano por ello, fatal.
Al margen de mi propio drama, empecemos con la crítica de esta obra de Rafael de la Rosa.
El libro trata de una joven de veintidós años llamada Lidia que se entera de que es una bruja en un mundo mucho más mágico que ella, dado a lo pobre en poderes mágicos que es. En dicho mundo hay Antiguos, que son tratados a veces como dioses; siervos que son criaturas inferiores, brujas, cazadores de brujas y humanos sin índice mágico.
Ahora bien, esta historia tiende a un matriarcado bastante pésimo desde mi punto de vista. Las brujas solo son mujeres, los cazadores carentes realmente de poderes mágicos solo son hombres, detestan a las brujas y desean que su diosa acabe con ellas por herejes. Pero las brujas se creen por encima de los cazadores, de los humanos y de los siervos de los Antiguos, y muchas brujas están deseosas de cargarse a los Antiguos para librarse de ellos y ser las amas de todo. Todos más planos que un platelminto.
